Miremos la manzana... (4) y los edificios de Población Zenteno

viernes, 1 de junio de 2007

Primera foto, Guacolda con Diego Cook.
En esta última se encuentra el Club Deportivo CAJU.
Fotos siguientes, Diego Cook con Blanco Viel.

Mirando el rededor. Acercándonos a los edificios que conforman la Población Zenteno.

¿Qué está cerca, qué está lejos, qué hay, qué no hay… mirando más allá?
Caminar, caminar…

Miremos la manzana... (3)

Bueno, estas fotos muestran mejor el lugar. Calle Guacolda con Diego Cook. Fíjense en la última foto, la fachada pintada de tres colores diferentes. Sí, la manzana cortada en tres.

A veces las ciudades presentan grandes fisuras, abismos constructivos. Arquitecturas fantasmas… ¿por qué? Cada cosa que se vive adentro, la misma energía que fluye, se encarga de empapar el afuera con eso mismo… ¿cuál es la esencia de las cosas que hace que se muestre así?

Hemos venido a escuchar, y ahora, todo ha cambiado.

Miremos la manzana... (2)

Salimos de la escuela y sin pensarlo mucho, comenzamos a caminar, hasta dar la vuelta en la esquina para encontrarnos con dicha palabra: cárcel.

Sacamos fotos a la escuela, (las anteriores a éstas) y seguimos caminando, queriendo intrusear más en el asunto. Nos encontramos con esto: una prefactura de carabineros en una esquina que lleva varios años en el sector y, con los maestros construyendo la cárcel en la otra. Ellos, en pocas palabras nos dijeron que esto en menos de dos semanas estaría listo. Rompían los antiguos vidrios y limpiaban los marcos de las ventanas para colocar otras de policarbonato.


La última foto corresponde a una casa de la calle Lecheros, calle desde la cual sacamos las fotos anteriores del interior de la escuela.

Miremos la manzana... (1)

Eran pasadas las 13:30ºº, nos decidimos a entrar al establecimiento y hablar con alguien indicado para manifestar nuestra inquietud de trabajar con los niños del colegio en talleres de expresión corporal y de reflexión sobre el modo de vida de barrio en que convivían (patrimonio intangible).
Conocimos al inspector Andrés Abarca.

Nos presentamos en el patio del colegio y allí surgió la conversación y minutos más tarde nos hizo pasar a su oficina o a recepción. Allí expusimos le expusimos el proyecto y él nos dijo que si dependiera de él, aceptaría, pero que eso debería hablarlo con la Directora, Susana Rojas. Luego de eso nos Andrés nos habló de lo ocupada que ha estado la directora, porque ha estado “moviéndose para impedir el proyecto de construcción de un centro penal al lado del colegio”. Nos dijo que la directora ha estado moviéndose de allá para acá, reuniéndose con el ministro encargado, algunas personas involucradas, etc.

Andrés se mostró enemigo de la idea de instalar una cárcel al lado del colegio. Finalmente nos dimos unos teléfonos para contactarnos. Quedamos de venir el lunes siguiente (lunes 4 de junio) a medio día para tener una cita con Susana Rojas la directora, ya que antes, estaría reuniéndose con los apoderados que seguramente le reclamarían el asunto de “la comida fría”.

Desde ya, le agradecemos a Andrés su atención.

Estas fotos las sacamos desde el exterior del establecimiento, por los agujeros de una puerta con cadenas los cuales mostraban el patio del colegio y el muro que a la derecha de las fotos, separa o divide a éste, del futuro centro penitenciario. ¿Bastante cerca no?

La salida de clases, los niños (3)

Esta es la Escuela Juan de Saavedra…

Mientras Erick les sacaba fotos a los niños, yo escuchaba a los apoderados, me acerqué a ellos y les pregunté que ocurría. Las mamás estaban preocupadas por sus hijos. Me dijeron que en el liceo a sus hijos les están dando el desayuno y su almuerzo helado, haciendo que se estén enfermando del estómago algunos y a otros les de recaídas. Estaban enojadas y me reclamaban al respecto.
Me dijeron que el lunes 4 de este mes se juntarían a conversar con ella, en la mañana quizás.
El apoderado papá, Luís, nos invitó a estar presente en la reunión de padres y apoderados que harían el martes siguiente, en donde se tratarían este tema y otros más pendientes. Él fue muy amable, fue a buscar a su hija. Ella tiene unos ojos muy lindos.
Lamentablemente no le pedí a Luís una forma de contactarnos, porque minutos después de haberse ido, recordé que los martes no puedo ir a Valparaíso porque voy a trabajar.
Lo importante, es que los sigamos viendo y que compartan esas cosas y otras con nosotros. Me dio mucho gusto conocerlo a él y a su hija.
Si este blog puede ayudar de alguna manera u otra a que ellos se organicen mejor o a transparentar el modo de hacer las cosas tanto en ellos como en el colegio, creo que esta bien.

Mientras tanto, Erick seguía sacando fotos. A todos los vi muy contentos. A él le dijeron tío, a mi tía y lo que encontré muy gracioso, es que cuando busqué a Erick una vez de terminar de hablar con el señor Luís lo vi agachadito y muy sonriente, rodeado de niños.

La salida de clases, los niños (2)

Sentado en la escalera frente al colegio, miraba y escuchaba. Con Carolina estábamos tranquilos y atentos, esperando que fluyera la vida del barrio. Sonidos de la ciudad llegaban suaves ese medio día, mientras un par de buses escolares se acercaban a retirar unos pequeños que salían rápidamente, acompañados por un par de tías. Continué tomando fotografías, puesto que estábamos registrando los sucesos que allí acontecían.

A cada instante llegaba más gente, mujeres jóvenes y otras, menos, más adultas, venían a retirar a sus hijos y hermanos. De a poco, comenzaron a salir más niños. Como yo tenia la cámara, llame pronto la atención de un pequeño curioso que se acerco rodeándome, suavemente. Llego a mi lado, me miraba y miraba lo que hacia. El tiene como 8 años, lo que me hizo recordar a mi hermano menor en ese instante. Cuando comprendí que quería hablar pero no se atrevía, lo salude y el me respondió muy alegre. Al momento en que esto ocurrió, sus compañeros, sus cercanos, llegaron también con nosotros. Fui uno más entre ellos mientras se me permitió.

Les dije que estábamos haciendo un proyecto con Carolina, a quien la señale para que nos conocieran, y sintieran más comodidad, aunque ellos no mostraban ningún temor pese a ser yo un desconocido. Esa inocencia la cuide mientras me permitieron ser su amigo. Las mamas que nos miraban en un momento como analizando, pasaron a ser cordiales y conversadoras. Carolina se quedo con ellas.

Yo me fui con los niños, jugué con ellos un rato. Miraban curiosos cómo tomaba las fotografías; ellos también querían intentarlo. Lo hicieron, conversamos de cosas pequeñas, que a los adultos ya no les interesan. Compartí con ellos, aprendiendo de ellos.

Cada vez más, rodeaban más niños. La calle cobraba vida.

Las niñas, con mayor prudencia y timidez también, estaban allí, un tanto más distantes, pero cuando las miraba me sonreían. Estábamos alegres. No había un motivo para estar juntos, no estaba trabajando para el proyecto; deje de tener cualquier pretensión desde el comienzo en que las cosas empezaron a suceder. Ellos me tomaron y jugamos con lo sencillo. Su curiosidad era preciosa. Hablamos, les pregunte sus nombres, mire sus ojos, sus ojos que eran inmensos hacia dentro, y recordé al niño que hace algún tiempo en uno de nuestros talleres abiertos, corrió con los ojos cerrados, veloz, y no tuvo temor alguno mientras cruzaba el desplayo vacío del mirador, lleno de aire. ¿Quién de nosotros puede hacer esto con su vida? Es mas, sonrió mientras lo hizo. Ah!, cuan grises los adultos al lado de los niños, que aman incluso lo que desconoce y no tienen limites. Cuan diferente estos niños de los adultos, que pasan el tiempo serios y preocupados por banalidades.

Mientras compartía con los niños, unos molestaban a otros, los grandes a los pequeños y más inocentes. Recordé mi pasado en le colegio de hombres en un instante, mientras el pequeño no se sentía bien. Mire al niño grande no con severidad sino con comprensión, y no le dije nada. En ese instante todos callaron. Y el niño grande se conmovió y se dio cuenta de lo que pasaba. No estábamos ahí para perder el tiempo peleando. Florecíamos aprendiendo cosas nuevas, conociéndonos. Allí llegaron las niñas, coquetas como niñas, alegres y con sus miradas compasivas, sanadoras, que enlazaron a los niños divididos. Nos tomamos más fotos. Les di la dirección de este blog y les dije que subiríamos las fotos a esta página de Internet, donde hablábamos sobre el proyecto. Era la despedida. Nos dijimos que nos volveríamos a ver, mientras algunos ya partían pues sus familias esperaban en casa. Hermanos iban de la mano, un par de amigos sonriendo, las niñas conversando calladas mientras caminaban la calle Blanco Vial, alejándose del colegio. Un niño, me regalo su lápiz. Me toco profundamente. Se lo agradecí.

Este barrio, como cualquiera tiene vida. La cotidianidad puede ser tan bella si estamos con el corazón sintiendo cada momento. Ellos son posibilidad de todo esto.

La salida de clases, los apoderados (1)

A eso de las 13ºº horas, al lugar empiezan a llegar personas, papás, apoderados de los niños porque los viernes no salen a las 16:30ºº como el resto de la semana, sino a las 13:30ºº. Ellos esperan. La mayoría de ellos son mamás. En esa ocasión, sólo vimos a un papá… minutos más tarde sabría su nombre, se llamaba Luís.

Es la hora, los niños salen del establecimiento… entonces las mamás les preguntan ¿cómo te fue? ¿Qué comiste hoy? ¿Tienes tareas? ¿Te revisaron la tarea? ¿Qué nota te sacaste?.... ¡como si no recordara esa revisión de mochila materna!

Erick, fue el que tomó la mayoría de las fotos, yo estaba ahí, con una hoja en blanco entre mis manos, mirando lo que pasaba, escuchando… queriendo darme cuenta de quizás qué, como queriendo que todo el lugar hable, te diga cosas, nos de pistas. Sólo dejamos que nos lloviera el lugar. Nos impregnamos de él.

La llegada de hoy (2)

Uno de los fenómenos que rescato es el del cruce de las distancias… lo “lejano” se funde con lo “cercano”, hacen un tercer espacio, arman una relación espacial. El ojo, detecta un vacío que se pronuncia “leve”.

Es importante, cómo desde allí la ciudad se nos arroja, se nos tiende a nuestro frente como un mantel lleno de pliegues en donde habita el color y la gente. Las líneas son ondulantes y la principal forma geográfica y geométrica, es una parábola, a modo de trazo, de curva que desde allí, como una ola, modula todo el terreno, cerro a cerro, ola a ola.

La parábola, es dada por el mar, por esta entrada de mar. Anfiteatro acuático bordeado de ondas terrenas. Toda esa curva, ese vacío amplio contiene los ecos, los sonidos secretos de este lugar. Desde aquí, esos sonidos se oyen, llegan suaves… es el murmullo de la ciudad.

Pensar el lugar desde esa forma, la parábola…
Parábola, palabra de origen griego:
Pará, al lado.
Ballo, Bállein, arrojar.

Ambos términos formaron el verbo parabállein en griego, el cual significa poner al lado, comparar. De dicho verbo surgió el sustantivo griego parabolé, el que significó comparación, alegoría. Parabolé a su vez, pasó al latín como parábola y significó comparación.
Esta etimología corresponde no sólo para parábola, sino también para palabra. Ambos conceptos tienen el mismo origen materno, la misma raíz.

La geografía de Valparaíso es la de la palabra…

Por otra parte, si revisamos el significado de la palabra parábola desde el punto de vista enciclopédico nos podemos encontrar con lo siguiente:

Parábola: Narración de un suceso fingido o ficticio de la que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral.
Parábola: Cuerva abierta, simétrica respecto de un eje, con un solo foco y que resulta de cortar un cono circular recto por un plano paralelo a una generatriz que cortará a todas las otras en una sola hoja del cono.

¿…qué verdad importante nos revelará esta forma, esta palabra?

La llegada de hoy (1)

Este 1 de junio empezó nuestro viaje, un conducir hacia las circunstancias, aventuras y desventuras, situaciones por vivir, gente por conocer y con quienes convivir.

Ese día llegamos un poco antes de medio día a la población Zenteno. Éramos sólo dos, Erick y yo (Carolina). Era un día muy azulado, con ese frío especial de fines de otoño.
A medida que llegábamos, empezamos a observar, a mirar con el intento de recordar cada detalle después. Nos sentamos en las escaleras, conversamos sobre qué percibían de allí nuestros sentidos y miramos un rato callados el rededor.

Cosas comenzaron a ocurrir. Sacamos algunas fotografías y seguimos estando.


MIRAR, ESCUCHAR, OLER, PALPAR…

Estamos aquí.
Miremos de nuevo, una y otra vez.